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From obituary:
Born in 1923 to Andre and Maria (de Araujo) Vento in Rio de Janeiro, Wanda Vento Kalvelage passed away on October 18, 2018 at the age of 95 surrounded by family and friends. As a teenager she had been celebrated as the youngest female pilot to fly solo in Brazil and was often in the limelight. Her proficiency in several languages landed her a job at the US embassy in northern Brazil. It was there in 1946 that she met the love of her life, George R. Kalvelage, a US Air Force pilot stationed at a remote base but in town for an embassy dance. Their marriage in 1948 remained until George's death in 2005. Their life together was extraordinary; they lived and traveled extensively all over the world having five children along the way.
Most important to Wanda was her husband, children, grandchildren, and great grandchildren and all loved her beyond measure, as did the friends of her children. When her own were grown, young neighboring children knew her home as a 'magic' place for she always promised that, "Your wish is my command." Wanda's hospitality and remarkable cooking made for many memorable occasions where extra guests were always welcomed.
Wanda was an accomplished artist in several mediums including oils, pastels, printmaking, and drawing. She was a serious student of art and art history and was involved with the McNay, Coppini Academy, and the ReBarn at Incarnate Word. A love of learning also included philosophy, classical literature and music which informed her teaching. Her art reveals the depth of her sensitivity.
Wanda was a spiritual person and longtime member of St Pius X Catholic Parish. She practiced her faith with kindness toward all she knew. As a family friend said, "It was never, never about her. It was always about everybody else." This true spirit of love was a gift to everyone who knew her.Research Type
CuratorNotes
Del obituario:
Nacida en 1923 en Río de Janeiro, hija de André y María (de Araujo) Vento, Wanda Vento Kalvelage falleció el 18 de octubre de 2018 a la edad de 95 años, rodeada de familiares y amigos. En su adolescencia se la había aclamado como la piloto más joven en volar en solitario en Brasil y solía ser el centro de atención. Su dominio de varios idiomas le valió un puesto en la embajada de Estados Unidos en el norte de Brasil. Fue allí, en 1946, donde conoció al amor de su vida, George R. Kalvelage, un piloto de la Fuerza Aérea de Estados Unidos destinado en una base remota pero que se encontraba en la ciudad para asistir a un baile de la embajada. Su matrimonio, celebrado en 1948, se mantuvo hasta la muerte de George en 2005. Su vida juntos fue extraordinaria; vivieron y viajaron extensamente por todo el mundo, teniendo cinco hijos a lo largo del camino.
Lo más importante para Wanda eran su marido, sus hijos, sus nietos y sus bisnietos, y todos la querían más allá de toda medida, al igual que los amigos de sus hijos. Cuando los suyos ya eran mayores, los niños pequeños del vecindario conocían su casa como un lugar «mágico», pues ella siempre prometía que «tus deseos son órdenes». La hospitalidad de Wanda y su extraordinaria cocina dieron lugar a muchas ocasiones memorables en las que los invitados adicionales siempre eran bienvenidos.
Wanda era una artista consumada en diversos medios, entre ellos el óleo, el pastel, el grabado y el dibujo. Era una estudiosa comprometida del arte y la historia del arte, y colaboraba con el McNay, la Academia Coppini y el ReBarn de Incarnate Word. Su amor por el aprendizaje abarcaba también la filosofía, la literatura clásica y la música, lo que influyó en su labor docente. Su arte revela la profundidad de su sensibilidad.
Wanda era una persona espiritual y miembro desde hacía mucho tiempo de la parroquia católica de San Pío X. Practicaba su fe con amabilidad hacia todos los que conocía. Como dijo un amigo de la familia: «Nunca, nunca se trataba de ella. Siempre se trataba de los demás». Este verdadero espíritu de amor fue un regalo para todos los que la conocieron.